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Última etapa – Boston, Needham y Cape Cod

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Boston

Cuando consigues salir de la trituradora que es NY y llegas a Boston… has llegado a la ciudad tranquila, aún metiéndote en el barullo de un partido de beisbol de los héroes locales: los Red Sox.

Boston tiene clase, es sencilla y acomodada. Silenciosa. Calmada. Soleada. Aireada. Buff, ya tenía yo ganas de retomar un ritmo humano.

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¡Allá vamos!

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Nos situamos en el pre-verano 2012. España. Barcelona. Si leéis los periódicos y salís de casa para comprar el pan no es necesario que os cuente cómo están los ánimos en esta esquina del mundo.

Víctor viaja habitualmente fuera de nuestro país, ya sea física o sensorialmente, se relaciona a diario con colegas de países de distintas partes del mundo. No perdamos de vista, para centrar la historia desde ya, que todos ellos –Víctor y sus colegas- son académicos y teorizadores, y por tanto viven en un estrato determinado de la realidad, que no acaba de ser la realidad. Pero dejémoslo ahí, porque en esto no acabamos de ponernos de acuerdo, y no es tiempo para sembrar rencillas.

En cualquier caso, una tarde de mayo me pregunta si me gustaría viajar con él a los EEUU. El soslayo de la pregunta -“… Cariño, ¿vendrías conmigo…?”- tiene su aquél, después de tantos años juntos y aún parece que nos encontremos en esta linda fase en que nos perdemos por compartir, por trasvasarnos nuestros mundos interiores, nuestras pasiones e ilusiones. Pero él es así, vive en su mundo particular.

Vaya, que mi Vittorino se muere por pasearme por los EEUU, por mostrarme caminos que él ya ha pisado. Y a mí me parece genial, ahora que estamos a un paso de cerrar la revista, que los inversores se han hartado de aguantar las pérdidas, que el grupo editor dice que necesita quitarse lastre, que las redactoras rebosan penas y temores, que los anunciantes nos dan largas mes tras mes, que la moda ya no es lo que era… Ahora que todo está enloquecido, me parece perfecto meter mis trapos y mis tacones en una maleta y salir a dar una vuelta un poco larga de la mano de Víctor.

¡Que corra un poco el aire alrededor, por favor!

Y los que también se han apuntado henchidos de ilusión son Bruno y Fabio, nuestros chicos, que llevan semanas preparando el viaje, a instancias de su padre, buscando en internet información sobre lugares de interés y haciéndonos sesiones de presentación de sus propuestas y conclusiones –domingo por la tarde, todos en el sofá con el bol de las palomitas-. ¿No me digáis que no puede haber mayor muestra de ilusión por un viaje? Digno de remarcar para dos chavales que transitan, en mayor o menor grado, por los desvaríos de la adolescencia.

En fin, que pasado mañana salimos para EEUU Víctor, Bruno, Fabio y yo misma, 30 días x 24 horas de convivencia, que no nos pase nada. Pero no anticipemos, todo se andará y ya iremos adecuando y reparando, según se precise. Por ahora, hemos de decir que estamos plenos de ilusión y nerviosismo, un mes campando por tierras ajenas no es ninguna nadería. A ver cuánto tardamos en añorar nuestra almohada…

¡Glups, he dicho pasado mañana! Ahora sí que os tengo que dejar, ya sabéis como es esto de preparar equipajes: tarea compleja donde las haya, sea para dos días o para dos meses.

Sólo avanzo el plan de viaje en trazo grueso: San Francisco / Nueva York / Boston. A partir de ahora, toca concretarlo con el día a día.

¿Preparados para despegar?

Laurita